Te cuento un juego de niña



Pasábamos horas saltando en la cama de mis padres. Actividad liberadora de energía claramente, física, de alto rango. Debajo del colchón, había una especie de espuma muy alta, a modo de soporte de la cama, sin maderas, muelles.. Siempre retirábamos el colchón y jugábamos en la espuma, que estaba cubierta por una funda. Por aquel entonces yo tendría unos 6, 7 años. Me quedé con una historia de una serie que veía a veces, "Kung fu". Andaban "sin dejar rastro". Aquello me llegó. Y lo recreaba en casa, en la colcha de debajo del colchón de la cama de mis padres. Me ponía una corbata de mi padre alrededor de la frente. Juntaba las manos y andaba por la colcha buscando la energía que me permitiera andar sin dejar huella, rastro de mi paso. Qué sabio para mí este juego. Para mí ego, para el trabajo que tengo para con él. Con el "dejar de hacer tanto ruido", con el "despilfarro de energía", con el "dejar de hacer y sentirme, notarme" y "poner a sitio el YOÍSMO" . Giraba la vi


sta después de andar, comprobando si la actitud había sido la correcta, pues si había huellas en el colchón, tenía que repetir. Jugando y repitiendo, se daba una magia por invocar y encarnar en mí el silencio, la quietud, el desaparecer de este mundo en cierta forma. Recupero ahora este juego, con toda la sabiduría y sentido que tiene para mí. Lo retomo, como práctica estupenda. Qué maravilla! El antídoto de lo que venimos necesitando está presente en nosotr@s desde buen inicio, como una semilla primal, que va desarrollándose al curso por aquí. Gracias a mi padre por las fotos, que tenía esta manera amorosa de vernos y nos ha dejado la muestra a través de sus fotografías. Recordando lo que somos y traemos. #ladanzadelatransformacion


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