"Rosa, donde el amor se posa"




De pequeña no quería saber nada de este color. Por asociarlo a un color "cursi" y no querer sentir qué tenía ello conmigo, una parte de mí se quedó sin salida. Me aborrecían las muñecas, yo amaba los osos de peluche, los niños y toda la actividad extrovertida que canalizaba mi energía. Bailar, jugar a pelota, correr,.. Me hice fuerte y cruda. Pues un color es una entidad en sí misma y renegando de ella, pierdes sus cualidades. Recuerdo claramente mi sorpresa, cuando en la adolescencia investigué con los movimientos pélvicos tras tomar algunas drogas y apareció un rosa chillón, color frambuesa/fresa, en la energía de mi vientre. ¡Anda! Será que el rosa tiene que ver con la energía del amor, del sexo? Entonces ya me interesó más. Poco a poco decidí incorporarlo en mi vestimenta. Para jugar qué me aportaba este color. Y descubrí un mundo de ternura. Negado hasta entonces por no haber dado con él en su verdad. El rosa, como otros colores, ya en los juguetes infantiles, tiene un rol muy definido. Cuando construyes el ego para entrar en el mundo, te das cuenta de alguna manera de cómo por pertenecer, descartas y limitas tu vida y tu mundo. Te casas con el ego. Y no es hasta más mayor que asumes la pérdida por tal rendición a tu cónyuge. Tengo un vago recuerdo de consciencia de ello, con una sensación de que el ego me iría a proteger de algo. Como una armadura para ir por el mundo. ¿Qué haría hoy sin el rosa? Sin estas flores, sin las mejillas de mi hijo, sin el amor del cielo rosa, cuando el sol toca las nubes para despedirse, con tanta delicadeza, sin tus labios enamorados,..

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